Fibonacci en nuestra vida

Dan Brown usó la serie de Fibonacci en su libro “El código Da Vinci”. Al inicio del libro, o de la película, como prefieras, aparece el cuerpo de Jacques Sauniére en el suelo rodeado de algunos números escritos. Esos números escritos los reconoce su nieta como una secuencia.

Esa secuencia no es, ni más ni menos, que la secuencia de Fibonacci. Una serie numérica infinita. Dicha secuencia empieza así:

1, 1, 2, 3, 5, 8 ,13, 21, 34, 55…

A partir de ahí, cada número es la suma de sus dos precedentes.

No voy a entrar aquí en darte más datos sobre esa secuencia. Además de parecerme una gran falta de respeto por mi parte, creo que tú eres capaz de encontrar más información en Internet en el caso de que te interese.

Recuerdo ya en el colegio, que las matemáticas eran un auténtico coñazo en el mejor de los casos, o un martirio en el peor de ellos, para muchos de mis compañeros. Como ya te decía anteriormente, ese no era mi caso. Para mí, los martirios se llamaban Literatura, Filosofía (no el capítulo dedicado a la lógica), Historia, Geografía… Bueno, ya sabes, las denominadas de letras.

Estoy convencido de que ese antagonismo hacia esa asignatura y sus derivadas (perdón por usar esa palabra) era más por los profesores que la impartían que por la materia en sí.

Yo tuve un profesor en BUP, O.C., que te hacía disfrutar de las matemáticas. Las explicaba con pasión, te las ejemplificaba, te hacía “verlas”, entenderlas. Te mostraba como las matemáticas nos rodeaban. Sin ficción, no te estoy hablando de la serie de televisión “Numbers”.


Un ejemplo claro para poder ver las matemáticas es, precisamente, la serie de Fibonacci.

Sabías que la mayoría de las flores tienen un número de pétalos que se corresponde con un elemento de esa serie, es decir, la mayoría de las flores tienen 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34 pétalos. El girasol… lo usa para distrbuir sus pipas y aprovechar al máximo su espacio.

Fíjate en la vía láctea, es una espiral… Talmente como si la hubieran realizado siguiendo esa misma serie.

El Nautilus y los caracoles, también tienen la serie de Fibonacci en su interior.

Yo hoy voy a arriesgarme. Creo que la serie de Fibonacci también se encuentra en las relaciones personales.

Hace relativamente poco conocí a un tío que decía que esa serie, más o menos, daba más o menos la frecuencia de su vida sexual… en pareja. Ahí mejor callarse. Yo preferí no decir nada. Que putadón. ¿¿¿Te lo imaginas???

Si te fijas, con esa serie numérica también podrías valorar los cabreos con tu pareja. Va “in crescendo”. Cada vez que te dejas la tapa del water levantada, zas, el número aumenta siguiendo esa serie (cuidado, no he hablado del número fi). El volumen de los gritos es directamente proporcional a esa serie.

El efecto rebote de las dietas que hacemos para perder peso. Cada vez que la dejamos, ganamos más peso y siempre parece que esa maldita serie tenga algo que ver, porque el aumento también va “in crescendo”. (Vale, esto no ha tenido nada que ver con las relaciones personales).

Cuando la distancia marca una amistad, los periodos sin comunicación también parecen estar marcados por esa secuencia áurea (no me lo he inventado, se llama así). Al principio lo pillas con ganas. “Oye, nos llamamos, estamos en contacto”. Te vas llamando, escribiendo… Al final, como siempre, felicitar el cumpleaños, con un día de retraso, eso sí, y felicitar las fiestas.

Creo que, a medida que te vas haciendo mayor, y gracias a la falta de respeto de la próstata, sí, claro, si eres un hombre, la frecuencia con la que vas a mear es inversamente proporcional a la serie.

Joder, no sé, si te fijas, estamos marcados por las puñeteras matemáticas. Nuestras relaciones y su calentamiento exponencial esta regido por ese puñetero señor al que llamaban Fibonacci (digo llamaban, porque realmente no se llamaba así).

Apúntate al carro de las matemáticas y sigue haciendo de esa serie un bien común.

Que te vaya bonito a la 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34 ,55, 89…
àlex

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