El trabajo dignifica

En estos tiempos de crisis, en el que el paro ha subido por las nubes, y al parecer nadie da con la fórmula para solucionarlo, nos damos cuenta de lo importante que es tener un puesto de trabajo.

Vas viendo como, de la noche a la mañana, personas de tu entorno, incluso amigos y familiares, van perdiendo su trabajo. A veces, sin quitarle la seriedad que ello tiene, me siento como un barco en el juego de hundir la flota. Me van cayendo las andanadas a uno y otro lado, pero de momento, me mantengo.

Y es que el trabajo, es tan sumamente necesario. Nos permite eso a lo que vinimos al mundo, que es algo tan sencillo como vivir (según algunos spots televisivos, el deporte más arriesgado que existe).

Pero aparte de darnos pasta para poder pagar los préstamos, la hipoteca, la comida, los caprichos de la novia, del novio, de la esposa, del esposo, de los hijos, del político corrupto de turno… Uy, ahí me he pasado, ¿no? Debería haber escrito “Del hijo la gran puta del político de turno que se lleva toda la pasta y luego no devuelve ni un Euro”. (Y aquí, pido disculpa a las señoras que ejercen la profesión más antigua del mundo, porque entiendo que ellas no tienen nada que ver ni con los políticos ni con algunos conductores del servicio público).

Y es que, ya desde pequeños nos dicen que el trabajo dignifica. También nos dicen que el trabajo nos realiza. Incluso en algún lugar de nuestra historia existe una frase que ponían sobre la entradas de unos “clubs de campo” y que decía algo así como que “El trabajo nos hará libres” (pido desde ya disculpas por lo de clubs de campo, pero no quería hablar de los campos de concentración nacis).

Vamos, que si les unimos la frase de “El trabajo es salud”…

Jodeeeeeeer.

No sé quién coño inventó el trabajo. Al parecer, cierta secta mayoritaria de este mundo, culpa a una tal Eva por comer una puta manzana. Al parecer, desde ese momento, tenemos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, aunque algunos demuestren un gran empeño en ganárselo con el sudor del de enfrente, puteando a todo bicho viviente que tienen por debajo de ellos. Son los mal llamados jefes…

Yo, por ese motivo, distingo mucho entre jefe y “responsable”. Para mí, un jefe es aquel que, sin tener ni puta idea de cómo lo ha conseguido, ha llegado a alcanzar una alta cota de ineptitud que le permite estar en un puesto de responsabilidad. Demuestra claramente, que lo ha puesto ahí otro jefe que no tenía ni idea y que, por supuesto, no quiere tener a alguien por debajo que pretenda usurpar su puesto. El responsable, sin embargo, es aquel que siempre se preocupa por su gente, por las personas… Exacto, es el que suele acabar defenestrado o en el paro.

Porque no nos engañemos, en el trabajo, para triunfar, parece que haya que ser un auténtico cabronazo.

Estos días he tenido una mala experiencia con un tío, que a buen seguro llegará alto. Al menos, siguiendo el archiconocido “Principio de Peter”, veo claramente que alcanzará puestos a los que yo nunca llegaré. Un tío que se ha saltado la organización, ha hecho lo que ha querido, nadie en su sano juicio quiere trabajar con él… Yo, me he sentido como aquel que se va de vacaciones, cierra su piso y, al volver, se encuentra una familia viviendo dentro y no puede hacer nada porque la justicia no se lo permite… No sé si me entiendes.

A lo que iba, que al que invento el trabajo deberían colgarle por los dedos meñiques de los pies de la plaza del ayuntamiento. Con lo bien que se está en la playita, con una caiprioska fresquita y bien acompañado. Ahora me levanto, me baño, vuelvo a la hamaca, me tomo otra caipiroska, duermo, me baño, otra caipiroska… Cambia algo si quieres, pon una cerveza, un mojito, pero lo demás…

Yo no quiero trabajar, pero no tengo más huevos que hacerlo cada día. Al menos, mi trabajo me gusta, al contrario del 85% de la gente con la que hablas que está hasta las pelotas del suyo, porque claro, pregúntale si a esa chica de dieciocho años que estudió peluquería por vocación, le mola el estar en una caja de un gran híper mercado… Vamos, te dirá que está encantada de la vida de currar de lunes a sábado, aguantando a un jefe cabrón que es un puto frustrado de la vida porque no ha llegado a nada más (en algunos casos contados, es así) y que le pagan por estar puteándola todo el día, y eso si no le apetece mirarle el escote y arrimarse a su cuerpazo serrano, que de esos, haberlos, hay los…

En definitiva, menos huelgas generales y más cervezas. Menos curro de sol a sol para algunos y pasta gansa para otros y más igualdad, que para encabronar a los demás, siempre estamos a tiempo…

Que vaya bonito,

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